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Fito Páez frenó su show en Mar del Plata y volvió a poner la libertad en el centro del escenario

El músico cuestionó el accionar de la seguridad y vinculó el episodio con la memoria de los años 70.

Fito Páez frenó su show en Mar del Plata y volvió a poner la libertad en el centro del escenario

El músico cuestionó el accionar de la seguridad y vinculó el episodio con la memoria de los años 70.

Fito Páez volvió a demostrar que, para él, un recital no termina en las canciones. Durante su presentación del sábado por la noche en el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, el músico interrumpió el espectáculo al advertir que personal de seguridad intentaba impedir que algunos espectadores permanecieran de pie para cantar y bailar.

La reacción fue inmediata y contundente. Páez tomó el micrófono, enfrentó verbalmente a los encargados del operativo y cuestionó lo que consideró una forma de control innecesaria sobre el público. El episodio quedó registrado por los teléfonos de los asistentes y rápidamente comenzó a circular por las redes sociales.

Pero la escena adquirió una dimensión mayor cuando el músico vinculó lo sucedido con una época particularmente dolorosa de la historia argentina. “No quiero volver a sentir los 70 otra vez en mi país”, expresó desde el escenario, antes de pedirle al público que no permitiera ser avasallado.

No fue solamente un enojo momentáneo. Horas después, Páez volvió sobre lo ocurrido y explicó que lo que había visto desde el escenario le recordó prácticas de control y represión que considera incompatibles con una sociedad democrática. También aclaró que el personal de seguridad cuestionado no había sido contratado por sus representantes.

Una noche de música que terminó convertida en declaración

El conflicto comenzó cuando algunos espectadores se levantaron de sus asientos para acompañar las canciones. Según el propio Páez, integrantes del servicio de seguridad intentaban hacerlos sentar y llegaron a tocarlos para que regresaran a sus lugares.

Desde el escenario, el músico entendió que aquello excedía una simple cuestión de organización. Detuvo el recital y reclamó que se permitiera a la gente cantar y bailar. Su intervención recibió una fuerte respuesta del público, que acompañó sus palabras con aplausos y gritos.

En medio de la discusión, Páez incluso arrojó el micrófono sobre el escenario y continuó expresando su enojo antes de regresar al repertorio.

El episodio, sin embargo, tiene dos lecturas. Mientras Páez interpretó la situación como una forma de avasallamiento, una fuente vinculada a la producción consultada por LA NACION sostuvo que no hubo una situación de violencia o represión contra los asistentes. Según esa versión, el objetivo de la seguridad era ordenar el espacio y proteger las ubicaciones de quienes habían comprado sus entradas, y las indicaciones cuestionadas fueron posteriormente corregidas.

Ese contrapunto es importante para comprender la noticia en su totalidad. Lo ocurrido está documentado por videos y por el propio relato del artista, pero las interpretaciones sobre la magnitud del conflicto no son idénticas.

Para Fito, la memoria no pertenece al pasado

 

La referencia a los años 70 no apareció por casualidad. Páez pertenece a una generación de músicos cuya carrera quedó profundamente ligada al regreso de la democracia y a la recuperación de los espacios públicos como lugares de expresión.

Nacido en Rosario en 1963, comenzó a destacarse en la escena nacional durante la década de 1980, precisamente cuando el rock argentino atravesaba una transformación profunda después de la dictadura militar. Su incorporación a la banda de Juan Carlos Baglietto y, poco después, su trabajo junto a Charly García fueron fundamentales para su formación artística.

En 1984 publicó Del 63, su primer álbum solista. Desde entonces construyó una carrera marcada por canciones que mezclaron rock, pop, tango, folklore y una mirada profundamente personal sobre la sociedad argentina.

En ese recorrido, la libertad, la memoria y la política aparecieron en diferentes momentos de su obra y de sus declaraciones públicas. No es, por lo tanto, la primera vez que Páez utiliza un escenario para expresar una posición política o social.

Un artista que nunca separó completamente música y sociedad

La historia del rock argentino está atravesada por esa relación entre música y contexto. Durante los años de la dictadura, tocar determinadas canciones, reunirse con otros jóvenes o simplemente participar de determinados espacios culturales podía adquirir una dimensión política.

Cuando llegó la democracia, el rock se convirtió en uno de los grandes territorios de expresión colectiva. Páez fue protagonista de aquella renovación y desarrolló una carrera en la que la música nunca estuvo completamente aislada de la realidad que lo rodeaba.

El fenómeno alcanzó una dimensión extraordinaria con El amor después del amor, publicado en 1992. El álbum no solamente se transformó en el disco más vendido de la historia del rock argentino durante décadas, sino que consolidó a Páez como uno de los principales compositores populares del país.

Por eso, cuando el músico habla de libertad desde un escenario, sus palabras tienen un peso que excede la anécdota de un recital. Hay detrás una trayectoria artística de más de cuatro décadas y una generación que vivió la transformación del país desde la dictadura hacia la democracia.

Lo que pasó después del enojo

Una vez terminado el espectáculo, Páez utilizó sus redes sociales para explicar su reacción. Reconoció que había reaccionado con la adrenalina del momento y afirmó que no se arrepentía de sus palabras.

También planteó una reflexión más amplia sobre la naturalización de determinadas formas de autoridad y relacionó lo sucedido con situaciones de represión ocurridas en manifestaciones populares. Para el músico, el problema no era simplemente que alguien pidiera permanecer sentado: lo que cuestionó fue el modo en que, según su percepción, se ejerció ese control.

La producción, en cambio, sostuvo que el recital fue exitoso y que la situación no pasó a mayores. Después de la intervención del artista, el show continuó y el público volvió a concentrarse en la música.

Así, una discusión que en principio podía haber quedado limitada a la organización de un concierto terminó transformándose en una conversación sobre los límites de la seguridad, el comportamiento del público, la libertad individual y la memoria histórica.

Fito Páez hizo lo que muchas veces hizo durante su carrera: utilizar el escenario para decir lo que piensa, aun cuando eso implique interrumpir el espectáculo y generar controversia.

La discusión sobre si su reacción fue exagerada o justificada seguramente continuará. Lo concreto es que el episodio volvió a mostrar una característica que forma parte de su identidad artística: para Fito, el rock no es solamente entretenimiento.

Es también una forma de expresión, una manera de defender determinadas ideas y, sobre todo, un espacio donde la libertad todavía se canta, se discute y se pone en juego frente a miles de personas.

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