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Bon Scott: la noche en que el infierno dejó de ser metáfora para AC/DC

A 46 años de su muerte, el primer gran frontman de AC/DC sigue encarnando el espíritu salvaje del rock. Su final en Londres marcó una grieta irreversible.

Bon Scott: la noche en que el infierno dejó de ser metáfora para AC/DC

A 46 años de su muerte, el primer gran frontman de AC/DC sigue encarnando el espíritu salvaje del rock. Su final en Londres marcó una grieta irreversible.

El 19 de febrero de 1980 no fue simplemente el día en que murió un cantante. Fue el momento en que el rock perdió a uno de sus personajes más auténticos y peligrosamente carismáticos. Aquella madrugada londinense, tras una noche de alcohol y excesos, se apagó la voz rasposa y desafiante de Bon Scott, el hombre que había llevado a AC/DC desde los pubs australianos hasta la cima del hard rock mundial. Tenía apenas 33 años y estaba en el punto más alto de su carrera.

“Bebíamos como si no hubiera un mañana. Nos despertábamos… y volvíamos a beber”. La frase atribuida a Malcolm Young no suena a pose: describe una época en la que el exceso formaba parte del ADN del rock. En el centro de esa tormenta estaba Scott, con su sonrisa torcida, su actitud de pirata callejero y una presencia escénica tan seductora como impredecible. No actuaba canciones: las vivía.

La historia del grupo había comenzado años antes, cuando Malcolm y su hermano menor Angus Young, inmigrantes escoceses en Australia, decidieron formar una banda sin adornos, directa y ruidosa. El nombre surgió de una máquina de coser familiar —corriente alterna/corriente continua— y el uniforme escolar de Angus, pensado como una broma, se transformó en uno de los íconos más reconocibles del rock.

La llegada de Scott en 1974 terminó de definir la identidad del grupo. Su voz áspera, cargada de ironía y picardía, encajaba a la perfección con ese sonido seco y contundente. Con él al frente, la banda construyó discos que hoy son pilares del hard rock, retratos sonoros de noches interminables, antihéroes y carreteras sin destino.

El salto definitivo llegó con Highway to Hell, el álbum de 1979 que los convirtió en una amenaza global. La producción más pulida y los estribillos explosivos llevaron su música a audiencias masivas sin perder crudeza. El título parecía una fanfarronada típica del género, pero terminaría adquiriendo un significado inquietantemente literal.

En la madrugada del 19 de febrero de 1980, Scott había pasado la noche en el club Music Machine de Camden junto a su amigo Alistair Kinnear. Tras horas de bebida, se quedó dormido en el auto durante el regreso. Incapaz de despertarlo, Kinnear decidió dejarlo dentro del vehículo para que descansara. Quince horas después, cuando volvió, el cantante estaba inconsciente. Fue trasladado de urgencia al hospital, donde se confirmó su muerte por intoxicación etílica y asfixia con su propio vómito.

El golpe fue devastador. AC/DC acababa de conquistar el mundo y su figura central desaparecía sin aviso. Para muchos, era el final inevitable de una banda construida alrededor de su personalidad. Sin embargo, ocurrió lo contrario.

Con el consentimiento de la familia de Scott, el grupo decidió continuar. Tras audicionar a varios cantantes, eligieron a Brian Johnson, ex vocalista de Geordie. El resultado fue Back in Black, un disco concebido como homenaje: portada negra en señal de duelo y canciones que destilaban furia y determinación. Lejos de ser un simple reemplazo, Johnson aportó su propia personalidad y la banda logró algo casi imposible: resurgir con más fuerza. El álbum vendió decenas de millones de copias y se convirtió en uno de los más exitosos de todos los tiempos.

Algunas piezas, sin embargo, quedaron congeladas en la era Scott. “It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ’n’ Roll)”, con gaitas incluidas —instrumento que él mismo aprendió a tocar para la grabación—, dejó de interpretarse en vivo tras su muerte. Era una reliquia demasiado ligada a su presencia.

Las décadas posteriores no fueron fáciles. Hubo tragedias, conflictos internos y pérdidas irreparables, incluida la muerte de Malcolm Young en 2017, cerebro rítmico y columna vertebral del sonido del grupo. Aun así, la maquinaria nunca se detuvo.

Hoy, más de cuatro décadas después de aquella noche fatídica, la banda sigue convocando multitudes. Su regreso a la Argentina en marzo de 2026, con tres fechas agotadas en el Estadio Monumental de Buenos Aires, confirma que el fenómeno trasciende generaciones. Cada show funciona como un ritual eléctrico donde conviven pasado y presente, memoria y celebración.

AC/DC se transformó en algo más grande que sus integrantes: una institución itinerante del rock. Pero en el origen de ese mito late todavía la figura de Bon Scott, el frontman que convirtió la irreverencia en arte y la autopista al infierno en una experiencia real.

Porque si la banda sobrevivió, fue también gracias a él. Su espíritu sigue rugiendo en cada acorde, en cada coro multitudinario y en cada camiseta negra levantada hacia el escenario. El infierno que cantó no lo destruyó del todo: lo volvió eterno.

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