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Despedazado por mil partes: el disco que convirtió a La Renga en un fenómeno del rock argentino

Publicado en 1996, Despedazado por mil partes consolidó el crecimiento de La Renga y dejó himnos inolvidables como “Balada del diablo y la muerte” y “Hablando de la libertad”.

Despedazado por mil partes: el disco que convirtió a La Renga en un fenómeno del rock argentino

Publicado en 1996, Despedazado por mil partes consolidó el crecimiento de La Renga y dejó himnos inolvidables como “Balada del diablo y la muerte” y “Hablando de la libertad”.

En octubre de 1996, la banda de Mataderos La Renga dio un paso decisivo en su historia con la publicación de Despedazado por mil partes, su tercer álbum de estudio. Editado por el sello PolyGram, el disco marcó un momento clave en la evolución del grupo y en la consolidación de su identidad dentro del rock argentino. Con una combinación de riffs potentes, letras cargadas de mística callejera y una energía que se trasladaba con facilidad al vivo, el trabajo terminó convirtiéndose en uno de los discos fundamentales de la década del noventa.

El álbum fue coproducido por el propio trío —integrado por Gustavo “Chizzo” Napoli, Gabriel “Tete” Iglesias y Jorge “Tanque” Iglesias— junto a Ricardo Mollo, guitarrista de Divididos y una figura clave del rock nacional. La grabación se realizó en los míticos Estudios ION de Buenos Aires, un lugar histórico por donde pasaron innumerables artistas argentinos. Ese contexto ayudó a que la banda lograra capturar una sonoridad potente y orgánica que se convirtió en una de las marcas distintivas del disco.

El lanzamiento de Despedazado por mil partes coincidió con un momento de crecimiento sostenido para La Renga. Desde sus comienzos tocando en pequeños bares hasta su progresiva expansión por el circuito del rock barrial, la banda había construido una base de seguidores fieles. Sin embargo, este trabajo terminó de multiplicar esa convocatoria. Con el tiempo, el álbum sería reconocido como uno de los más importantes del género, al punto de ocupar el puesto número 73 en la lista de los 100 mejores discos del rock argentino elaborada por la revista Rolling Stone.

Uno de los factores que explica el impacto del disco es la fuerza de sus canciones. Entre ellas se destaca “Balada del diablo y la muerte”, posiblemente uno de los temas más emblemáticos de la banda. Con su clima oscuro y su letra cargada de simbolismo, la canción trascendió el círculo de seguidores rangueros y se convirtió en una de las puertas de entrada para quienes descubrían al grupo. Junto a “El rebelde”, del disco anterior, forma parte del repertorio más conocido incluso para quienes no son fanáticos del grupo.

Otro momento clave del álbum es “A la carga mi rocanrol”, una declaración de principios que resume la actitud de la banda frente a la música y la vida. El tema se transformó rápidamente en un himno de los shows en vivo, donde el público lo canta como un grito colectivo de identidad rockera.

La lista de canciones también incluye piezas que muestran diferentes matices dentro del universo musical de La Renga. “El final es en donde partí” aporta una mirada reflexiva sobre el camino recorrido, mientras que “Lo frágil de la locura” combina intensidad sonora con una letra introspectiva. En tanto, “Psilocybe mexicana” y “Paja brava”, que cuentan con la participación de Max en los teclados, amplían el abanico sonoro del álbum.

Dentro del repertorio aparece además “Veneno”, un cover compuesto por Marcelo Ferrari para la banda La Negra. La interpretación ranguera le dio una nueva vida a la canción, integrándola al espíritu del disco con la crudeza y la energía características del grupo.

Pero si hay un tema que terminó convirtiéndose en una marca registrada de La Renga es “Hablando de la libertad”. Ubicada como cierre del álbum, la canción trascendió el formato de estudio para transformarse en el final habitual de los conciertos de la banda. Con una letra que mezcla esperanza, rebeldía y reflexión social, el tema genera uno de los momentos más emotivos en cada recital.

El sonido del disco también se enriqueció con la participación de músicos que acompañaron a la banda en esa etapa. Además del trío principal —Chizzo en voz y guitarra, Tete en bajo y Tanque en batería— el álbum contó con los aportes de Chiflo, en saxofón y trompeta, y Manu, en saxofón y armónica. Estos instrumentos sumaron nuevas texturas que ayudaron a expandir la paleta sonora del grupo.

Otro aspecto que llamó la atención fue el concepto visual del disco. La portada presenta una ilustración diseñada por Marcelo Zeballos, con dirección gráfica del Estudio Del Federico. En el centro aparece un círculo de colores cálidos con la inscripción “Despedazado por mil partes”. Sobre esa figura se observa la cabeza coronada de un ángel con alas, pero la imagen tiene un juego visual: al girarla, la figura se transforma en una especie de demonio con el cráneo partido. Ese contraste entre lo celestial y lo oscuro refleja el clima simbólico de muchas de las letras del disco.

La presentación oficial del álbum se realizó en el estadio Obras Sanitarias, uno de los templos históricos del rock argentino. Allí La Renga ofreció cuatro conciertos los días 13, 14, 20 y 21 de diciembre de 1996. Esos shows marcaron el inicio de una extensa gira que se extendería hasta el 16 de mayo de 1998.

Durante ese recorrido, la banda llevó sus canciones por toda la Argentina y también por distintos países de América y España. La magnitud de la convocatoria fue impresionante: más de un millón de personas asistieron a los recitales de esa gira. Ese número refleja el momento de explosión popular que vivía el grupo y confirma el impacto que tuvo Despedazado por mil partes en su carrera.

A casi tres décadas de su lanzamiento, el disco sigue siendo una referencia obligada dentro del rock nacional. No solo consolidó la identidad musical de La Renga, sino que también marcó el comienzo de una etapa en la que la banda se transformaría en uno de los fenómenos más convocantes de la escena argentina. Entre riffs encendidos, poesía urbana y una mística única, Despedazado por mil partes continúa resonando como uno de los grandes capítulos de la historia del rock hecho en Argentina.

 

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