
“Momo Sampler: el disco que anticipó el final de Los Redondos”
Entre tensiones internas, experimentación sonora y una estética que rompió con la tradición ricotera, el último álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota marcó un antes y un después
El 17 de noviembre del año 2000, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota lanzaron Momo Sampler, su noveno y último álbum de estudio. Lo que sobre el papel parecía un nuevo capítulo para la banda más enigmática del país terminó siendo el comienzo del fin. Las tensiones entre el Indio Solari y Skay Beilinson ya eran evidentes, y menos de un año más tarde el grupo se disolvería para siempre.
El disco deja en claro que Los Redondos ya no trabajaban como un colectivo creativo. El Indio por un lado, Skay por el otro; dos visiones que antes se complementaban y que en este proyecto comenzaron a divergir como nunca. Las sesiones se hicieron sin el clásico cuerpo grupal dentro del estudio, más allá de la interpretación de las partes musicales. Esa distancia, tanto física como conceptual, se filtra en el sonido final del álbum.
Momo Sampler es un compendio ecléctico, atravesado por sintetizadores, máquinas de ritmo y climas electrónicos que se alejan deliberadamente del pulso rockero tradicional. Si bien Solari y Beilinson remarcaron que este método de armado ya se había instalado en Luzbelito y Último Bondi a Finisterre, es aquí donde la experimentación toma el control absoluto. Canciones audaces como “Una piba con la remera de Greenpeace”, “La murga de los renegados” o “Sheriff” exhiben esa búsqueda distinta, aunque ninguna terminó convirtiéndose en un clásico ricotero.
A lo largo de su historia, Los Redondos navegaron dentro de una estética firme, tanto en la lírica como en lo musical. Momo Sampler rompe ese molde: es el intento más claro por explorar nuevos territorios y llegar a otros públicos. En términos internacionales, podría considerarse el Achtung Baby ricotero: un giro arriesgado que, a diferencia del caso de U2, se dio en un clima interno en plena ebullición.
El álbum demandó casi 16 meses de trabajo entre preproducción y remasterización en Nueva York. Fue en esa ciudad donde los primeros chisporroteos entre el Indio y Skay empezaron a hacerse imposibles de ocultar. La presentación oficial del disco llegó en abril de 2001 en el Estadio Centenario de Montevideo, y pocos meses después, en agosto, la banda daría su último concierto en el Chateau Carreras de Córdoba, cerrando un ciclo irrepetible en la música argentina.
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