NOTICIAS ROCK Escuchar artículo

A los 83 años murió Rubén Rada una figura esencial de la música rioplatense

El artista uruguayo dejó una obra que unió candombe, rock, jazz y canción popular.

A los 83 años murió Rubén Rada una figura esencial de la música rioplatense

El artista uruguayo dejó una obra que unió candombe, rock, jazz y canción popular.

La música del Río de la Plata recibió este miércoles una de esas noticias que obligan a detenerse. Rubén “El Negro” Rada murió a los 83 años, después de atravesar una internación de varias semanas por un cuadro de salud que se había agravado. La noticia fue confirmada por su familia y rápidamente generó repercusiones en Uruguay, Argentina y en distintos espacios de la música latinoamericana. Su muerte no representa solamente la despedida de un cantante y percusionista: se va uno de los grandes arquitectos de una manera de entender la música rioplatense sin fronteras.

Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, Rada construyó una carrera de más de seis décadas. Cantante, compositor, percusionista, actor y showman, logró algo especialmente difícil: convertir una identidad profundamente uruguaya en un lenguaje abierto al rock, al jazz, al funk, a la música brasileña y a la canción popular. Su instrumento fue el candombe, pero su horizonte siempre fue mucho más amplio.

Su importancia para el rock aparece desde sus primeros años profesionales. A mediados de los 60 se incorporó a El Kinto, grupo en el que compartió protagonismo creativo con Eduardo Mateo. La banda fue pionera en llevar el candombe a una formación eléctrica y en combinarlo con la música beat, el rock psicodélico y otros sonidos de la época. Aquella experiencia dio origen a lo que con el tiempo se conocería como candombe beat, una de las grandes aportaciones uruguayas a la historia de la música popular.

Después llegó Tótem, una formación breve pero decisiva. Entre 1971 y 1973, Rada profundizó allí la mezcla de rock, música latina y candombe. Temas como “Dedos”, “Heloísa” y “Biafra” quedaron asociados a una etapa en la que el rock uruguayo buscaba una identidad propia, lejos de limitarse a repetir modelos extranjeros. Más tarde, su paso por Opa, junto a los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, llevó esa búsqueda hacia el jazz-rock y la fusión.

https://images.openai.com/static-rsc-4/Fru1319-CY3xulf8gcdeIoAQs50EIQ9Sr1lcm_07QkWkzN7Z9bAZd6aKzwpVJPep48EFqfxAVD6wexdsDmzyttZUGYE-SAl6nvt2C-TIfkl5yUVsKnIq4wF4lFNGOtm0jFbL8LxN_LbNcWdemi9TNdwo8uyWTPTQOKW7r05Yz3fkPBfQrwzLokEn-6sgtAq4?purpose=fullsize

Pero la historia de Rada también está íntimamente ligada a la Argentina. A fines de los años 70 se instaló en Buenos Aires y comenzó una etapa fundamental con La Banda. El proyecto reunió a músicos destacados del jazz y la escena instrumental argentina y permitió que Rada ganara una enorme visibilidad del otro lado del Río de la Plata. El álbum La Banda, editado en 1980, incluyó canciones como “Rock de la calle”, “Candombe llamada” y “Montevideo”, y se convirtió en una pieza clave para entender ese cruce entre candombe, rock, funk y jazz que Rada convirtió en marca personal.

Su relación con el rock argentino continuó durante décadas. Rada interpretó canciones de Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, León Gieco y Litto Nebbia, entre otros, y también compartió escenarios y grabaciones con varios de esos artistas. En 2018 participó de una reunión impulsada por Billy Bond junto a Fito Páez, Dante Spinetta, Melingo, Hugo Fattoruso y otros nombres importantes de la música argentina. En 2010, además, presentó en Buenos Aires Rada Fan - Pa’ los amigos, un disco dedicado a canciones de artistas admirados a ambos lados del Plata.

Esa historia demuestra que su vínculo con el rock argentino nunca fue el de un invitado ocasional: Rada formó parte de una conversación musical permanente entre Uruguay y Argentina.

Hay otra clave para entender su legado. Rada nunca aceptó quedar encerrado en una etiqueta. Su obra podía pasar del humor a la canción emotiva, del candombe más tradicional a una base rockera, de una formación de jazz a un espectáculo familiar. Esa amplitud explica por qué consiguió llegar a generaciones diferentes sin perder su personalidad.

https://images.openai.com/static-rsc-4/ZU--QIBLxrQECxEJeWkxQ50ApMCJ-jlUC8i5DfRdVhWNO6FzuVkm3iUoHNZIIjGjPwecdC4S_y9651006l6ZKu7dYxWx6dDqZTTNqZ66Lc-Pi1eEen_W-1K-T-PQuyOxuWR4AYELhvxgEPkFhI58zBNhKczVchFd1KnNpkokl_lilpeRwEcsqiKv7vf0jX6h?purpose=fullsize

En los últimos años siguió trabajando con una energía poco habitual. Según la información publicada tras su fallecimiento, estaba grabando material con Los Auténticos Decadentes, había anunciado presentaciones con el brasileño Chico César en Buenos Aires y preparaba un homenaje a Tótem en el Auditorio Nacional del Sodre para octubre. También había estrenado el proyecto audiovisual ¿Quién va a cantar? el mismo día de su cumpleaños 83. Estos datos muestran que Rada no estaba mirando su carrera desde la nostalgia: seguía produciendo, colaborando y proyectando nuevos encuentros.

La noticia de su muerte fue comunicada por su familia este 26 de agosto y, según distintos reportes, el músico llevaba alrededor de un mes internado por una neumonía bilateral que presentó complicaciones. Este punto deberá seguirse con las comunicaciones oficiales de su entorno y las autoridades médicas, ya que los primeros informes periodísticos pueden actualizarse.

Su desaparición deja un vacío difícil de medir porque Rada ocupaba un lugar que no dependía de un solo género. Fue parte del rock uruguayo, del candombe, del jazz de fusión, de la canción rioplatense y también de la cultura popular argentina. Su legado está en los discos, pero también en una idea que todavía resulta poderosa: que una música puede conservar sus raíces y, al mismo tiempo, dialogar con todo lo que encuentra en el camino.

Ruben Rada volvió de su gira por Japón y brindó un gran show en Montevideo

Para el rock, la muerte de Rubén Rada también funciona como un recordatorio. Mucho antes de que la palabra “fusión” se volviera habitual, él ya estaba mezclando mundos. Y lo hacía sin pedir permiso, con tambores, electricidad, humor y una voz imposible de confundir.

Hoy el Río de la Plata despide a uno de sus grandes músicos. Pero las canciones de Rada siguen teniendo algo que contradice cualquier despedida: suenan a movimiento. Y mientras haya músicos dispuestos a cruzar fronteras entre géneros, generaciones y países, esa obra seguirá viva.

Volver arriba