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Cuando el país se incendia, el rock canta: crisis políticas Argentinas convertidas en himnos generacionales

Dictadura, Malvinas, el colapso de 2001 y las tensiones actuales encontraron eco en guitarras distorsionadas y letras incómodas.

Cuando el país se incendia, el rock canta: crisis políticas Argentinas convertidas en himnos generacionales

Dictadura, Malvinas, el colapso de 2001 y las tensiones actuales encontraron eco en guitarras distorsionadas y letras incómodas.

En Argentina, el rock nunca fue solo entretenimiento. Desde su nacimiento como movimiento cultural, se convirtió en una forma de narrar lo que ocurría en las calles cuando otros discursos callaban. Cada crisis política o económica dejó una huella sonora, construida por músicos que transformaron la angustia colectiva en canciones capaces de atravesar generaciones.

Durante la última dictadura militar, el rock funcionó como un lenguaje cifrado de resistencia. La censura obligó a utilizar metáforas, pero el público entendía perfectamente el mensaje. En ese contexto, Charly García compuso “Los dinosaurios”, una de las obras más desgarradoras del cancionero nacional. La canción habla de personas que desaparecen sin explicación, una alusión directa al terrorismo de Estado y a los miles de detenidos-desaparecidos. Publicada en 1983, en los albores de la democracia, se transformó en un documento emocional de la época.

La Guerra de Malvinas también dejó su marca. El conflicto bélico expuso la fragilidad del régimen militar y el costo humano de decisiones políticas irresponsables. El rock respondió con canciones que expresaban dolor, confusión y rechazo a la manipulación patriótica. Lejos del discurso oficial, los músicos retrataron el drama de una generación enviada a combatir en condiciones precarias, consolidando al género como voz alternativa frente al poder.

Con la llegada de los años noventa, el país vivió un giro económico profundo. Privatizaciones, desempleo creciente y desigualdad marcaron la vida cotidiana. El optimismo inicial se transformó en desencanto, y el rock volvió a registrar ese cambio de clima. Bersuit Vergarabat captó ese malestar en “Se viene”, una canción que, con tono irónico y furioso, anticipaba el estallido social que ocurriría poco después.

Ese estallido llegó en diciembre de 2001, cuando la crisis económica derivó en protestas masivas, represión y la caída del gobierno. Las calles se llenaron de cacerolas, pero también de canciones. El rock expresó la bronca contra la corrupción, el sistema financiero y la clase política. Temas como “Señor Cobranzas”, popularizado por Las Manos de Filippi, pusieron nombre y apellido a los responsables, abandonando cualquier sutileza para transformarse en consignas de protesta.

Pero las crisis argentinas no se explican solo por variables económicas. También están atravesadas por episodios de violencia institucional. Un caso emblemático fue la muerte de Walter Bulacio tras la represión policial en un recital. La tragedia quedó asociada a “Juguetes perdidos”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, banda liderada por Indio Solari. La canción se transformó en un símbolo de la juventud reprimida y del vínculo entre música y libertad.

El rock argentino también amplió su mirada hacia problemáticas regionales. Los Fabulosos Cadillacs denunciaron la violencia política latinoamericana en “Mal bicho”, una canción que critica la represión y el autoritarismo. Su mensaje trascendió fronteras y confirmó que la música popular podía funcionar como herramienta de conciencia colectiva.

Lo llamativo es que muchas de estas obras no solo reflejaron las crisis: las anticiparon. Los músicos percibieron tensiones sociales antes de que explotaran, convirtiéndose en cronistas sensibles de su tiempo. Por eso, décadas después, estas canciones siguen sonando actuales y continúan siendo cantadas en marchas, actos y reuniones populares.

En la actualidad, aunque el panorama musical es más diverso y fragmentado, el vínculo entre rock y política persiste. Nuevas generaciones reinterpretan los clásicos o producen material propio para expresar su mirada sobre la inflación, la desigualdad o la polarización. El rock ya no monopoliza la protesta —compite con el rap, la cumbia y otros géneros—, pero conserva su prestigio como lenguaje de resistencia cultural.

Escuchar la historia del rock nacional es, en definitiva, escuchar la historia reciente de Argentina. Sus canciones narran derrotas, luchas, miedos y esperanzas. Funcionan como memoria emocional de un país que atraviesa ciclos de crisis recurrentes, pero que también encuentra en la música una forma de catarsis y de identidad compartida.

Porque cuando la política falla, cuando la economía se derrumba y cuando la sociedad se fragmenta, las guitarras siguen encendidas. Y en esas canciones, incómodas pero necesarias, queda registrado lo que muchos prefieren olvidar.

5 canciones sobre problemas sociales en Argentina

  • “Los dinosaurios” — Charly García (dictadura y desaparecidos)
  • “Se viene” — Bersuit Vergarabat (crisis económica de los 90 y 2001)
  • “Señor Cobranzas” — Las Manos de Filippi / Bersuit Vergarabat (corrupción y desigualdad)
  • “Juguetes perdidos” — Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (violencia policial y juventud)
  • “Mal bicho” — Los Fabulosos Cadillacs (represión y autoritarismo)

¿Cuál creés que es la banda o el artista que mejor está contando este momento de la Argentina desde la música?

 

 

 

 

 

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