
“Thriller”: El día en que Michael Jackson cambió para siempre la música, la cultura pop y a una generación argentina
A 42 años de su lanzamiento, el álbum más vendido de la historia sigue siendo un faro artístico y cultural. Desde su impacto global hasta la “jacksonmanía” que conquistó a la Argentina.
El 30 de noviembre de 1982, Michael Jackson dejó de ser simplemente el niño prodigio surgido de The Jackson 5 para transformarse, definitivamente, en el “rey del pop”. Con Thriller, su sexto álbum como solista, el artista levantó un monumento que combinó música disco, pop, funk, R&B y rock, y que hoy, más de cuatro décadas después, continúa siendo la obra más vendida de todos los tiempos, con más de 100 millones de copias estimadas alrededor del mundo. Pero Thriller fue mucho más que un éxito comercial: se convirtió en un ícono absoluto de la cultura de los 80 y en una obra que redefinió qué podía ser un artista pop.
En aquel tracklist perfecto convivían “Beat It”, con un solo incendiario de Eddie Van Halen; “Billie Jean”, con su línea de bajo eterna; “Wanna Be Startin’ Somethin’”, pura efervescencia rítmica; y la balada con Paul McCartney, “The Girl Is Mine”. La producción impecable de Quincy Jones y la participación de grandes músicos de sesión, incluidos miembros de Toto y la intervención vocal del mítico Vincent Price, terminaron de moldear un álbum que su propio creador exigió mezclar más de una vez hasta lograr el sonido que imaginaba.
Su impacto visual fue igual de revolucionario. La icónica portada de Michael recostado con traje blanco se volvió emblema de la sofisticación pop, pero fueron los videoclips los que rompieron el molde. “Billie Jean” iluminó las baldosas del camino del artista; “Beat It” mezcló musicalidad con estética callejera; y “Thriller”, dirigido por John Landis, marcó un antes y un después con ese mini-film de terror donde Michael se convertía en hombre lobo primero y en zombie después, para liderar una de las coreografías más famosas de la historia.
En Estados Unidos, Thriller ratificó que Michael podía brillar sin la sombra del sello Motown. En el resto del mundo, abrió la puerta a un fenómeno comparable a la beatlemanía. Y en Argentina, el impacto fue tan grande que se transformó en parte del clima cultural de los primeros años de la democracia. Para 1983 y 1984, no había casa sin una copia del disco, ni recreo escolar sin chicos intentando replicar la “caminata lunar”. El furor fue tal que Canal 9 lanzó el programa Bailando con Michael Jackson, conducido nada menos que por Domingo Di Núbila, un crítico de cine de estilo clásico interactuando con la fiebre del breakdance y la estética pop del momento.
Aquella apertura masificó el pop internacional en el país, convirtiendo a Jackson en puerta de entrada para artistas como Prince y toda una nueva camada que transformaría la década. Pero el tiempo también sería implacable. Ninguna obra posterior alcanzó la altura de Thriller, y la vida personal del artista —sus cirugías, excentricidades y, más tarde, las denuncias por abuso infantil— lo llevaron a un territorio oscuro, donde la caricatura y la tragedia se mezclaron con su genio musical. Para muchos, separar la obra del hombre es imposible; para otros, Thriller sigue siendo una obra maestra intocable.
Quizás por eso una copia del disco descansa hoy en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, reconocida por su “gran significado cultural”. Y también por eso, cada vez que suena “Billie Jean”, cada vez que un pie intenta imitar el moonwalk y cada vez que el sintetizador inicial de “Thriller” emerge de algún parlante, el mundo vuelve, aunque sea por un instante, a aquel 1982 donde Michael Jackson reinventó por completo la cultura popular.
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