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Slash y una confesión inesperada sobre “Sweet Child O’ Mine”: el riff que terminó cansándolo

El guitarrista habló del clásico de Guns N’ Roses y recordó su particular historia.

Slash y una confesión inesperada sobre “Sweet Child O’ Mine”: el riff que terminó cansándolo

El guitarrista habló del clásico de Guns N’ Roses y recordó su particular historia.

Hay riffs que definen una canción y otros que terminan definiendo una época. El comienzo de “Sweet Child O’ Mine” pertenece claramente al segundo grupo. Apenas suenan esas primeras notas, resulta prácticamente imposible no reconocer a Guns N’ Roses. Lo curioso es que su creador, Slash, mantiene una relación bastante más ambigua con esa melodía: sabe perfectamente lo importante que se volvió, pero también puede entender por qué escucharla una y otra vez en una casa de instrumentos puede resultar agotador.

En una reciente entrevista con una radio de Nueva York, el guitarrista se refirió justamente a esa situación. Cuando los conductores le plantearon que el riff probablemente se haya convertido en uno de los ejercicios obligados de quienes prueban guitarras en las tiendas, Slash respondió con humor y lo calificó como un riff “realmente irritante”. La frase, lejos de ser un desprecio hacia la canción, funciona como una muestra del enorme impacto que tuvo una composición que nació de una manera mucho más espontánea de lo que podría imaginarse.

Slash conoce perfectamente esa escena. Antes de convertirse en una estrella mundial, él mismo trabajó en una tienda de guitarras y recuerda a los clientes repitiendo hasta el cansancio algunos de los grandes clásicos utilizados para probar instrumentos. “Stairway to Heaven”, “Smoke on the Water” y “Eruption” eran algunos de los temas que más escuchaba. En ese contexto, entiende perfectamente lo que significa ser el dueño de un riff que miles de guitarristas quieren reproducir apenas toman una guitarra.

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La ironía es enorme: el guitarrista que ayudó a crear uno de los fragmentos más reconocibles de la historia del rock ahora puede encontrárselo hasta en las manos de aficionados que entran a una casa de música buscando demostrar cuánto saben tocar.

Pero detrás de esa anécdota existe una historia mucho más interesante.

“Sweet Child O’ Mine” apareció en Appetite for Destruction, el debut de Guns N’ Roses publicado en 1987. El disco presentó a una banda que mezclaba la actitud peligrosa del hard rock de Los Ángeles con elementos de punk, blues y rock clásico. En medio de canciones como “Welcome to the Jungle”, “Paradise City” y “Nightrain”, “Sweet Child O’ Mine” parecía tener un ADN diferente.

Y justamente ahí estaba su poder.

Durante los primeros tiempos de Guns N’ Roses, Slash no veía necesariamente aquella canción como una representación natural de la banda. El grupo tenía una identidad mucho más agresiva y callejera, cercana al hard rock más crudo. En entrevistas posteriores, el guitarrista reconoció que al principio no estaba convencido de que una canción de ese perfil encajara con lo que estaban haciendo.

El origen del riff también fue mucho menos solemne que el resultado final. Slash ha explicado que surgió mientras estaba tocando la guitarra en la casa donde la banda vivía alrededor de 1986. No estaba intentando escribir un futuro clásico: simplemente empezó a combinar notas hasta encontrar una secuencia que le resultó interesante. Izzy Stradlin comenzó a tocar acordes detrás de la idea y Axl Rose escuchó aquello y empezó a desarrollar una melodía vocal.

Durante años circuló otra versión según la cual el riff habría nacido como un simple ejercicio de calentamiento. Slash se encargó de desmentir esa historia. Según explicó, el riff no fue pensado como una práctica técnica: era una idea musical que apareció de manera espontánea. Con el tiempo, la anécdota del supuesto “ejercicio de calentamiento” se instaló tanto en la cultura rock que terminó convirtiéndose en una de las leyendas alrededor de la canción.

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La construcción del tema demuestra además algo fundamental sobre Guns N’ Roses: la canción no pertenece exclusivamente a Slash. El guitarrista aportó el famoso motivo inicial, Izzy encontró los acordes que lo acompañaban, Duff McKagan desarrolló una línea de bajo que tiene un protagonismo particular y Axl Rose transformó aquella idea instrumental en una canción emocionalmente reconocible.

Incluso la grabación tuvo sus particularidades. Para registrar las guitarras de “Appetite for Destruction”, Slash utilizó una réplica de una Gibson Les Paul de 1959 construida por Kris Derrig. Según contó años después, había llegado al estudio con muy pocas guitarras adecuadas para la grabación y fue el manager Alan Niven quien le proporcionó ese instrumento. Aquella guitarra terminó siendo parte fundamental del sonido del álbum.

El éxito de “Sweet Child O’ Mine” tampoco fue inmediato en la forma en que hoy se podría imaginar. Slash recordó que cuando la canción fue grabada nadie estaba pensando que iba a convertirse en semejante fenómeno. Era simplemente uno de los temas que habían armado para el disco. Después del lanzamiento de Appetite for Destruction, sin embargo, la canción comenzó a crecer hasta transformarse en un fenómeno.

Finalmente llegó al número uno del Billboard Hot 100 estadounidense, convirtiéndose en el único single de Guns N’ Roses que alcanzó esa posición. Más de tres décadas después, el riff continúa funcionando como una especie de contraseña universal del rock.

Por eso, la declaración actual de Slash tiene algo de contradictorio y, justamente por eso, resulta tan atractiva. Puede estar cansado de escuchar el riff repetido en una tienda, pero eso no significa que no valore lo que consiguió con él. En otra entrevista fue todavía más claro: reconoció que es una suerte tener una canción que haya adquirido semejante nivel de permanencia.

Slash Rocks Up At Dublin Music Shop Ahead Of Marlay Park Gig

La situación actual confirma que “Sweet Child O’ Mine” está muy lejos de ser una pieza encerrada en los años ochenta. El tema continúa apareciendo en películas, publicidades, videojuegos, recitales y videos de guitarristas de todo el mundo. El propio instrumento asociado a aquella grabación volvió a ocupar un lugar destacado en el universo de Slash a través de proyectos vinculados con su colección de guitarras.

La historia deja una conclusión que cualquier músico puede entender: algunas canciones se escapan de las manos de quienes las crean. Slash pudo haber pensado que aquel riff no era más que una idea interesante surgida mientras tocaba. Guns N’ Roses pudo haberlo convertido en una canción sin imaginar su alcance. Pero el público hizo el resto.

Hoy, cada vez que alguien toma una guitarra y toca esas primeras notas, vuelve a poner en marcha una historia nacida hace casi cuarenta años.

Y quizás ese sea el verdadero significado de que un riff resulte “irritante” para su propio creador: cuando una melodía consigue instalarse de esa manera en la memoria colectiva, ya deja de pertenecerle completamente a quien la escribió.

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