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La Chancha Muda invoca a sus santos y prepara un cierre de año con identidad propia

La banda presenta nueva música y prepara una celebración de fin de año en Niceto Club.

La Chancha Muda invoca a sus santos y prepara un cierre de año con identidad propia

La banda presenta nueva música y prepara una celebración de fin de año en Niceto Club.

La Chancha Muda atraviesa una etapa de renovación artística sin abandonar los rasgos que la convirtieron en una de las propuestas más personales del rock independiente argentino. Con A todos mis santos como bandera, el grupo profundiza su búsqueda musical y poética, mientras prepara un nuevo encuentro con su público en Niceto Club para despedir el año. La combinación de canciones, identidad colectiva y una relación estrecha con sus seguidores vuelve a poner en primer plano a una formación que construyó su recorrido al margen de las fórmulas más previsibles de la industria.

El lanzamiento vinculado a A todos mis santos funciona como una nueva puerta de entrada al universo de la banda. El título, que también da nombre a su quinto álbum de estudio, resume parte del espíritu de esta etapa: una mirada que combina intensidad, sensibilidad y una voluntad de encontrar otros matices sin renunciar a la personalidad que caracteriza al grupo.

En su repertorio conviven guitarras contundentes, una sección de vientos que amplía el horizonte sonoro y letras que invitan a mirar más allá de la superficie. Esa mezcla le permite moverse entre el rock de alto voltaje, los pasajes introspectivos y los momentos en los que la canción adquiere un tono casi ceremonial. No se trata solamente de sostener la energía del escenario, sino también de construir un lenguaje propio.

Un disco que amplía el horizonte

Publicado en mayo de 2026, A todos mis santos reúne doce canciones y propone una evolución en el sonido de La Chancha Muda. La banda conserva su intensidad y su escritura directa, pero incorpora nuevos colores, arreglos y climas que enriquecen el resultado. El álbum alterna piezas enérgicas, momentos de interpretación más recitada y pasajes cercanos a la balada, con una búsqueda que no se limita a repetir los recursos que ya le dieron identidad.

La producción artística estuvo a cargo de Ale Vázquez y Germán Wiedemer. El trabajo se grabó entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 en los estudios Romaphonic y Garra, con una apuesta por combinar la potencia de la formación con arreglos que amplían su dimensión expresiva.

La participación de Wiedemer en teclados y la incorporación de un cuarteto de cuerdas aportan nuevas texturas a determinadas composiciones. Paula Pomeraniec, Alex Musatov, Matías Romero e Ignacio Gobbi participaron en los arreglos de cuerdas de «La canción sagrada» y «Fábulas», mientras que Catriel Ciavarella sumó su intervención en percusión en esta última pieza.

Estos aportes no desplazan el núcleo rockero del grupo. Por el contrario, lo colocan en diálogo con otros recursos, permitiendo que las canciones respiren y desarrollen distintas intensidades. La búsqueda de un sonido más amplio aparece así como una decisión artística, no como un intento de suavizar el carácter de la banda.

De Parque Patricios a una identidad consolidada

La Chancha Muda nació en Parque Patricios y fue construyendo su lugar dentro del circuito independiente a través de una propuesta que cruza rock, poesía, crítica social y una fuerte dimensión performática. Su recorrido se apoya en el trabajo sostenido, los escenarios y una relación con el público que excede el consumo ocasional de canciones.

A lo largo de su discografía, el grupo desarrolló una escritura que observa las contradicciones de la vida cotidiana y los conflictos de su tiempo. La voz de Gonzalo Pascual ocupa un lugar central en esa construcción, mientras que la combinación de guitarras, bajo, batería, saxo y trompeta le otorga una identidad reconocible dentro de la escena local.

Discos como Sinfonías libertarias y La peste del cazador fueron etapas importantes de ese camino. En particular, el segundo profundizó la relación entre música, concepto y propuesta visual, con una mirada que entiende al álbum como una obra que puede extenderse más allá de las canciones. Esa inquietud ayuda a comprender por qué el grupo sigue apostando por proyectos que tienen una personalidad definida y no dependen exclusivamente de un sencillo exitoso.

La formación actual reúne a Gonzalo Pascual en voz, Diego Chiaradía en batería, Juan García Bisio y Federico Fassa en guitarras, Christian Tamaha en saxo, Rómulo Tomaselli en trompeta y Maximiliano Vera en bajo. La presencia de los vientos es una de las marcas que distinguen su sonido y le permite alejarse del formato tradicional de guitarras, bajo y batería.

Niceto Club, una celebración antes de cerrar el año

El anuncio de una despedida de año en Niceto Club suma un nuevo capítulo a esta etapa. El encuentro está planteado como una celebración del camino recorrido y como una oportunidad para compartir el presente de la banda con quienes la acompañan desde sus primeros pasos.

En ese contexto, el repertorio de A todos mis santos tendrá un lugar destacado junto con las canciones que construyeron la historia del grupo. Llevar el material nuevo al escenario implica poner a prueba sus distintas capas: la potencia de los temas más directos, los arreglos que abren espacios de contemplación y la respuesta colectiva que aparece cuando una canción empieza a formar parte de la memoria del público.

La elección de Niceto Club también ubica la convocatoria en uno de los espacios emblemáticos del circuito musical porteño. Allí, la cercanía entre músicos y asistentes puede convertir un recital en algo más que una presentación de novedades: una instancia de encuentro en la que el repertorio funciona como punto de conexión entre distintas etapas de una misma historia.

Para La Chancha Muda, despedir el año en vivo no representa únicamente cumplir con una fecha de calendario. Es una forma de reafirmar el vínculo con su gente y de sostener una manera de entender el rock como experiencia compartida, con canciones que encuentran su sentido pleno cuando pasan del estudio al escenario.

Con A todos mis santos, la banda demuestra que evolucionar no significa perder las propias convicciones. La incorporación de nuevos matices convive con una escritura intensa y una identidad que se fue consolidando con los años. El desafío ahora es trasladar ese universo al vivo y cerrar el año con la misma energía que sostiene su recorrido: sin fórmulas, con personalidad y con la música como territorio común.

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